Mi recorrido artístico comenzó en la danza y el teatro, espacios donde el cuerpo fue inicialmente herramienta de expresión escénica y comunicación.
Con el paso del tiempo, la experiencia del dolor, la enfermedad, las pérdidas y la transformación corporal hicieron que mi práctica evolucionara hacia una búsqueda más íntima y multidisciplinar.
La danza se expandió hacia la conciencia corporal, la improvisación, la imagen, la poesía, la fotografía, el audiovisual y finalmente la pintura.
El arte dejó de ser únicamente representación para convertirse en escucha, memoria y cuidado.
ENSOÑACIÓN aparece como síntesis de ese recorrido:
un espacio donde todas las disciplinas dialogan entre sí para construir presencia y sentido.
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